Estilo decimonónico para el salón

Escrito y verificado por el historiador del arte Francisco Jiménez el 28 Enero, 2018.

Última actualización: 28 Enero, 2018

Fuera de los convencionalismos modernos, una alternativa muy interesante sería aplicar el estilo decimonónico para el salón.

En muchas ocasiones hacer una habitación historicista puede resultar una tarea complicada, principalmente por el uso de mobiliario y colocación de este de forma ordenada, evitando, a su vez, que exista caos o recargamiento.

El estilo decimonónico consiste en un tipo de decoración que se basa en los procedimientos de estética y distribución del siglo XIX. Por supuesto, se va a alcanzar un carácter anticuado pero no desfasado.

Si se quiere alcanzar, por tanto, este estilo, debemos hablar de historicismo. Así, el proceso consistirá en beber de diferentes estilos y componer mediante un eclecticismo de formas y mixturas.

Romanticismo decorativo

El salón se convierte en el principal espacio de un hogar. En él debemos aplicar un estilo con personalidad, donde ocupemos diferentes espacios con elementos pero sin que se llegue al caos o la aleatoriedad.

Cada objeto o mueble que se disponga en el salón debe estar perfectamente estudiado, no sirve de nada hacer un horror vacui con distintos estampados o mezclando colores; al final se convierte más bien en un anticuario.

Hay que tener en cuenta que en el siglo XIX predominaba el carácter romántico, intelectual y acomodado, siguiendo el estilo de burguesía, una clase social que se encontraba en alza y que tuvo interés en cuidar la estética del hogar.

No obstante, la decoración de las casas no iba a tener un esquema formal ni prototípico como puede ser en la actualidad el minimalismo o lo urbano/industrial; en realidad los gustos de la época eran diversos.

En la decoración de las casas no había, a fin de siglo, un estilo definido. Lo más elegante era no sujetarse a ninguno

-Marqués de Lozoya-

Mobiliario

Así, para aplicar el concepto decimonónico a nuestro salón debemos tener en cuenta que se debe establecer un carácter romántico, histórico, intelectual y con variedad estética.

Principalmente se debe utilizar la madera. Tanto las estanterías, las mesas como las sillas deben ser de madera noble; estas últimas con tapizados y estampados.

De esta manera, el tejido debe ser un elemento ornamental predominante, pudiendo ser encontrado, incluso, en las paredes. Estas pueden tener dibujos y color, normalmente tonos oscuros, con el fin de resaltar los muebles.

Las formas de estos no deben ser necesariamente rectas. La línea curva puede tener presencia de diferentes maneras, especialmente en reposaderos de las sillas y butacas, aportanto dinamismo y naturalidad.

Telares

Por otro lado, los cortinajes son otro recurso interesante que complementa el interior y transmite una sensación confortable y elegante. Si además tienen bordados o remates hechos con encaje de bolillos pueden aportar elegancia.

De la misma manera que ocurre con las cortinas, las alfombras y tapetes deben tener presencia en el salón. Se aporta, por consiguiente, un estilo más refinado, donde el detalle juega un papel importante.

Estilo de buen gusto

El romanticismo podría considerarse también un estilo refinado y de buen gusto. La aplicación de distintos recursos decorativos puede añadir un toque especial al hogar, pero hay que saber cuáles y cómo tratarlos.

En esta línea, colocar espejos, butacas u obras de arte pueden contribuir a consolidar este estilo. De hecho, situar libros a modo de biblioteca, abrir el espacio y colocar espejos hace que obtenga un tratamiento mucho más galante.

A la hora de escoger las luces, unas pequeñas lámparas situadas en altura y con luz cálida transmite un sentimiento acogedor. Por supuesto, no hay que olvidar que las ventanas con luz natural son elementos indispensables.

En el caso de que se quiera seguir una línea mucho más historicista, se pueden colocar retratos, relojes, esculturas y otros elementos decorativos de mesa hechos en marfil, mármol, etc. Se pretende alcanzar un estilo aburguesado.

En cuanto a la chimenea, las hay que son de adorno o reales, simulando la forma en que se calentaban originalmente estos salones en tiempos del siglo XIX. No obstante, la calefacción es imprescindible, pero se pueden esconder los aparatos.

Conclusión

Para realizar un estilo decimonónico tiene que gustar el carácter historicista y, además, completar el espacio con numerosos recursos decorativos. La idea de colores lisos o líneas rectas se desecha con el fin de ofrecer abundancia decorativa.


Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca, posee conocimientos en distintas ramas del arte y la historia, concretamente en los campos del patrimonio histórico, la arquitectura, la pintura y la escultura; además, amplía su formación en el ámbito del diseño de espacios de interior, principalmente en la concepción espacial interna de las viviendas, cómo repercute la iluminación y la aplicación de las artes decorativas. En su trayectoria profesional, ha combinado sus dos grandes pasiones: la docencia en materia de arte e historia y los museos. Actualmente, trabaja como profesor de instituto y como redactor para Grupo M Contigo. Posee una amplia experiencia en el ámbito de la gestión cultural y la musealización de espacios expositivos, habiendo trabajado dentro de esta rama en el Museo del Ejército (Toledo). Sus investigaciones se centran en la comprensión de los principios fundamentales que rigen las artes, su exposición visual y su aplicación en el mundo del interiorismo. Por otro lado, ha trabajado como guía y gestor de sala de exposiciones en Romanorum Vita (La Caixa). A su vez, se especializa en la redacción de contenidos vinculados en distintas temásticas culturales y artísticas. Se considera un apasionado del cine, la música, la historia y la aplicación y desarrollo de las artes en sus distintas vertientes con presencia fundamental en las arquitecturas del presente.