Compartir habitación: principales problemas y beneficios

06 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el historiador del arte Francisco Jiménez
Compartir habitación puede ser un problema si no se respetan las normas de convivencia pero, también, es una manera de entablar lazos personales.
 

A lo largo de la vida, nos encontramos ante distintas etapas en las que tenemos que convivir con otras personas, ya sean familiares o gente desconocida. Por eso, es momento de analizar qué puede suponernos el hecho de compartir habitación.

Desde pequeños, nos vemos en la tesitura de utilizar el mismo espacio con nuestros hermanos o padres. A su vez, podemos llegar a la etapa estudiantil y acudir a una residencia universitaria, donde tenemos que residir en una habitación con otro estudiante al que no conocemos.

Estos hechos y muchos otros más pueden ayudarnos a aprender distintas maneras de comportamiento y respeto; sin embargo, también pueden surgir ciertos inconvenientes.

Compartir habitación entre hermanos

Decorar habiaciones compartidas
Imagen: pinterest.es

A nivel social, gran número de familias apuestan por la convivencia entre hermanos en una habitación. Los psicólogos recomiendan que cada uno de ellos tenga su propio cuarto pero, por distintas circunstancias, puede ocurrir que deban compartir.

En la infancia, pueden resultar más sencillas las relaciones pero, cuando llega la adolescencia, pueden aparecer rencillas y diferencias de horarios que generen malestar entre ellos. Uno puede ser más desordenado que el otro o que alguno de ellos tenga ciertas manías que empeoren la relación.

 

No obstante, cuando comparten habitación surgen lazos más cercanos y, además, tratan de llegar a un punto en común para favorecer la convivencia. En el caso de que no sea así, es momento de que los padres intervengan y traten de marcar unas normas que han de ser respetadas por todos los miembros de la familia.

– Las relaciones entre hermanos pueden ser más cercanas si comparten el espacio vital.-

Compartir habitación en la juventud

Habitaciones compartidas.

Es posible que la convivencia en una casa pueda llegar a ser complicada en algunos momentos de nuestra vida, sobre todo cuando queremos cierta independencia y privacidad. Es en la adolescencia y en la etapa universitaria cuando surgen estas necesidades.

  • Compartir habitación entre hermanos adolescentes puede ser un auténtico problema, principalmente por tener distintas horas de estudio y trabajo o, incluso, por ser una etapa de la vida en que se desea mayor intimidad.
  • Cuando se llega al período universitario y tenemos que mudarnos de ciudad, una solución es la residencia en la que, muy probablemente, tengamos que compartir habitación con alguien desconocido. Se recomienda llegar a puntos en común con la otra persona, ya que cada uno tendrá sus costumbres.
 
  • El desorden suele ser, generalmente, el mayor de los problemas. No siempre se tiene la misma percepción en la manera de habitar en un espacio; por eso, surge la necesidad de cambiar las formas de vida y tratar de respetar al otro.
  • Por otro lado, cabe destacar uno de los beneficios que supone compartir habitación en la juventud: conocer más de cerca y aproximarse más a una relación personal próspera, ya que se está compartiendo algo muy privado, como es la habitación.

La relación de una pareja en el dormitorio

Compartir habitación con la pareja

En la adultez, también pueden surgir los problemas. Cuando una pareja comparte el dormitorio supone el conocimiento y aceptación de la manera de ser de la otra persona para el resto de la vida; no obstante, hay que señalar que algunas parejas duermen por separado a causa de discrepancias personales.

Una pareja comienza a convivir de forma cordial y tratando de amoldarse a las necesidades del otro, aceptando la forma de ser de cada uno. Esto es algo positivo pero los problemas llegan cuando a uno de los dos le gustaría decorar la habitación de una manera o cambiar la disposición de la misma.

 

Por este motivo, es imprescindible que los dos participen en la decoración del lugar, sin que se imponga la doctrina de ninguno de los dos. Esto puede ayudar a la relación de ambos, consiguiéndose un beneficio mutuo.

La limpieza, el gran problema

Enseñar la limpieza a tus hijos-

Quizá es la limpieza la función indispensable para que exista cordialidad entre los inquilinos de una habitación. Si se mantiene un régimen estricto de higiene y un orden adecuado, se entablarán lazos personales más cercanos y el hogar será un lugar más saludable.

En cambio, si uno de los dos no realiza las labores de limpieza, estará infringiendo una de las normas de convivencia y, a partir de ahí, surgirán los problemas a corto plazo.

 
Duque, Hernando; Sierra, Rebeca: Las relaciones humanas en la vida familiar, San Pablo, 1988.